7.24.2011
Lustre
De súbito siento un potente bombeo de sangre, me palpita el cerebro. A los ojos, totalmente abiertos, por algunos segundos los invade una parálisis de terror, turbiamente pueden, a través de la oscuridad, vislumbrar una brillantes omnipotente que lentamente se acaba: ¿qué es esto?, ¿dónde estoy? Es la blancura del techo que a primera vista impresiona hasta que los ojos se ajustan. Después de un reconocimiento preliminar, la razón entra en onda, pero no así mis oídos, que todavía sufren. ¡Exigen! Es ahí cuando retomo el mando y salto de la cama, titubeante, para apagar el despertador.
Con la esperanza que la razón se atonte, transcurren los cinco minutos más inútiles del día, después recobro asustadizamente la conciencia y tomo la toalla y un baño.
Faltando cinco minutos para las siete de la mañana, estoy sentado en mi lugar preferido del F-207. Simulo que leo mientras veo los detalles insulsos de una foto de Pancho Villa y Emiliano Zapata: atrás de las botas de Villa, un huarache de indio; a la derecha de ambos, dos caras de niños, como si fueran ángeles puestos ahí por diseñador de fotos; ¿una mujer enlutada?; diez sombreros; un moño de charro y una pañoleta; y una mujer, la enlutada, peor tal vez sea hombre. Sin darme cuenta, los fantasmas de la noche huyen de la universidad asustados por la llegada de los alumnos. Se va formando el rompecabezas de lo que será el día.
Dejo la foto al saludo de ella que llega al salón. El sueño se va, el rompecabezas, armando, sube un poco y se desploma en un sin fin de fichas, como un mar de marejadas altas.
Ciudad de México. Martes 24 de noviembre de 1998.
9.26.2010
Azul

Quiero pedir piedad a alguien.
Voy a pedir perdón al primero que encuentre.
Jaime Sabines
llovizna en la punta de mis talones.
las palabras llegaron, los silencios,
el perdón se quedó aparcado fuera de los labios,
un camino corto, uno
largo
lapislázulis prolongados
encontrados.
puntos de inflexión
con amaneceres hinchados
en los pétalos despicados, en los dedos de los pies,
y en los labios
por el constante roce de las tolerancias,
de las músicas, de los sudores
primero llegaron unos kilómetros,
largos;
después,
unos latidosinversos.
plantaron sus casas.
les crecieron unas raíces robustas.
las ligazones imaginarias, la seducción metafísica:
manchadas.
cuando se fueron las palabras
llegaron los amaneceres roídos y
los pulmoncitos oxidados y
no sin darme cuenta
sucedió esa desembocadura preciosa,
pero irretornable
esa mancha azul que proyectó los colores
a otro tiempo,
a un remedio in-rezable e inmisericorde
ya no insistí.
en la punta de mis talones
sigue lloviznando.