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4.10.2011

Bolsa negra


palabras redentoras de museo
silencios indecisos fusilados
llameantes recuerdos enterrados
Atila atrincherado por Perseo

amapola en la frente de Odiseo
suplicantes suspiros enlazados
latidos de otros tiempos atrapados
pólvora en mis sentidos fariseos

aquellos ojos ya jamás encuentro
en lontananza: guerreras trompetas
garibaldi sin azúcar siniestro

lagrimeo en mis cafés tu silueta
el bean bag de abrazos te secuestro
bolsa negra: reliquias en pirueta




Zihuatanejo, Noviembre 6, 2010

4.12.2009

¿Suicidio en Playa Icacos?

"Tal vez sea la propia simplicidad del asunto
lo que nos conduce al error."
Edgar Allan Poe

El mustang rojo descapotado patinó las llantas, el detective Salvatierra giró sobre la Costera Miguel Alemán y el teléfono sonó por tercera vez en los últimos dos minutos. No contestó; pisó el acelerador al fondo. La brisa caliente le golpeaba la cara, el calor se le metía por los poros: Acapulco era una olla de presión en el verano. El suicidio acababa de ocurrir. El comandante de la policía, Francisco Oliveira, descansaba en su residencia de Playa Icacos. Francisco no se pudo haber quitado la vida, pensaba el detective Salvatierra. Además de su jefe, era su amigo de años. No podía estar muerto.

Ya habían llegado las primeras patrullas y algunos colegas. Lo esperaban. Le informaron que en la casa no había estado nadie más que el comandante y el guardia en turno. El guardia cuando escuchó la detonación subió a toda prisa y descubrió el cuerpo. La escena permanecía intacta. Desde la puerta, Salvatierra observó el cuerpo sentado en la silla del escritorio. Tenía la cabeza apoyada en una grabadora de cintas, la pistola en la mano derecha y un agujero de bala en la sien del mismo lado. El detective tomó la grabadora y apretó el play. Escuchó: “Soy Francisco Oliveira. Nadie ni nada me ha orillado a esto. Es una decisión personal”. Después sonó un disparó y el ruido de la cabeza golpeando la grabadora.

En ese momento Salvatierra ordenó detener al guardia en turno.

Estimado lector detenga la lectura. Ha llegado el momento en que usted diga porqué el detective Salvatierra está seguro que se trata de un asesinato y no de un suicidio. Todas las pistas que necesita para descubrirlo han sido mencionadas.

Solución:
El detective Salvatierra se calzó las gafas, el motor del mustang rugió.

-¡Detective! –lo alcanzó un colega-. ¿Cómo está seguro que es un homicidio?

El detective frenó el mustang, miró el cielo raso y sintió el calor en su cuerpo nuevamente.

-Porque la cinta estaba lista para escucharse. Alguien la dejó preparada. De ser suicidio, la grabación hubiera continuado por más tiempo tal vez hasta el final de la cinta.